Real Madrid: «Bienvenidos a Transnistria… y Hala Madrid!»


El aeropuerto de Chisinau es pequeo, moderno y de una limpieza ejemplar. El acceso a Molodavia es sencillo. Se entrega el pasaporte, la vacunacin del COVID-19 y solo si tienes muy mala suerte te preguntan el motivo del viaje. A m ni eso. A Abraham Romero (El Mundo), s. La consecuencia es la pregunta de si tiene entradas para el partido. Es una broma.
Pasado ese trmite en apenas un par de m

inutos, recogemos la maletas, nos hacemos con una tarjeta de telfono moldava para evitar la sangra de las tarifas universales y alquilamos el coche. Otra gestin sin problemas, ms all de que no hay GPS. «No hay problema, la carretera sale de aqu y es todo recto», nos dice el chaval de la agencia. El mismo que cuando le preguntamos por

Transnistria

nos dice que ha estado en Francia, Alemania o Italia, pero jams en esa zona caliente de

Europa

. Nos da toda la documentacin del coche, entre ella una tarjeta-pasaporte del vehculo para pasar la frontera interior.
Despus de intentar abrir el maletero de un coche que no era, y hacer que saliera el conductor a ver qu pasaba, llega el nuestro. Un Fiat grande y nuevo. El «vers t que tartanta» tambin queda en bal de los falsos mitos que se montan antes de este tipo de viajes. Hasta

Bender

, nuestro destino, marca la carretera poco ms de 50 kilmetros. Esa es la velocidad mxima permitida en un camino bacheado y con constantes avisos de controles de radar, fijos y de tramo.
Despus de un

error

del navegador del telfono y darnos cuenta a tiempo que lo mejor era regresar a la ruta que llevbamos si no queramos pasar la noche entre crteres, surge la frontera interior ante nosotros. Sin prdida, es poco ms de media hora desde el aeropuerto de Chisinau. El primer filtro es la

salida

de

Moldavia

. Tres agentes conversan, fuman y ni nos hacen parar.
De golpe, una explosin de luz cambia el panorama. Las letras ya no estn en alfabeto latino y s en cirlico. Cambiamos el rumano por el ruso. Nos recibe un enorme escudo, idntico a los de antiguas repblicas soviticas. Pocos metros despus, la parada. De una garita oscura, solo sale una voz joven pero no vemos la cara, suena la palabra universal

passport

. Entregamos los tres. El tercero es el de Chema Rey, fotgrafo de MARCA. Adems, damos el papel que permite entrar el coche y el registro del vehculo. Nos pregunta das de estancia y hotel. Listos.

Estamos dentro. O ese creemos. Dos metros ms all nos para otro agente. Solo habla ruso y no parece muy amable. Nos pide la documentacin y apenas la ojea. Exige con gestos que abramos el maletero, algo que no resulta tan fcil como se pueda pensar. Seala las maletas y dice algo. No le entendemos hasta que hace un gesto para que aparquemos el coche y le acompaemos a una caseta. Primer momento algo tenso. Dejamos el coche abierto y una ventanilla bajada. Hace fro, pero nada exagerado.
De camino le decimos que somos periodistas y que venimos al partido. Su rostro se relaja. Nos mete en la caseta, le dice algo a un agente que hay sentado al otro lado del mostrador. Solo entendemos la palabra ftbol al final.
Con un corte de pelo militar, otro agente joven nos pide los pasaportes. Se los damos, junto a la invitacin del Sheriff en la que se recuerda y destaca que la prensa espaol entra el

Transnistria

para cubrir un partido de ftbol que no debemos hacer informaciones polticas.
Dos pasaportes estn de vuelta rpido con el permiso para estar una semana en el territorio. El mo, por ser el del conductor, tarda ms. Hay que pagar cuatro euros para entrar en coche. Es lo estipulado. Entregamos moneda europea, sin problema.
Durante lo que dura el control, poco menos de un cuarto de hora, el agente de control fronterizo apenas nos pregunta dos cosas. Es serio, mucho, y la escena recuerda a las de las pelculas de la Guerra Fra. Cuando me devuelve toda mi documentacin, levanta la cabeza, se le dibuja una sonrisa en la cara. «Bienvenidos a Transnistria… Y hala Madrid!». El ambiente se relaja, nos despedimos entre risas y

spasibas

. Fuera, el otro agente nos saluda con la mano, el permiso para que entremos ya con todas las de la ley en Transnistria.

De repente, la carretera deja de tener baches y est mucho ms iluminada. Un tanque se exhibe como monumento al entrar en Bender. Apenas 10 minutos despus dejamos a

Abraham

en su hotel; en otros cinco estamos en el nuestro. A lo lejos se ven las luces del estadio del Sheriff. La entrada al pas que no existe ha sido mucho ms sencilla que lo que vivimos en la Euro en Inglaterra. De viajes, leyendas y exageraciones.

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